¡Frustración!

Desde que comencé a escribir en mi libro y en artículos para mi blog, me he dado cuenta que es una habilidad que me permite expresarme de una manera más fluida y poder conectar con los pensamientos de otros, y que bien se siente escribir, ¡es como magia!

En esta oportunidad, quiero hablarte de algo que no tiene nada que ver con mi área profesional como nutricionista, sino con un sentimiento (personal) que creo que comparto con muchas personas, quienes saben que lo están sintiendo pero que muchas veces no es fácil reconocer. Se llama ¡FRUSTRACIÓN!

Es una palabra fuerte, de carácter, de 11 letras, que nos da vergüenza admitir cuando la sentimos, pero ¿Por qué? ¿Te parece mal sentir las emociones revueltas, tras haber hecho un gran esfuerzo para hacer “algo” y te salga mal o no te salga cómo esperabas? O puede parecerte vergonzoso admitir que no estabas capacitado para “solucionar” una situación, un problema, etc., también puedes sentir frustración al mirar cómo sucede algo y no tener en tus manos la posibilidad de solucionarlo, o sí, pero no tienes la oportunidad y ¿Cuál es la palabra que mejor define el sentimiento ante la incapacidad de no obtener o no haber conseguido algo que deseabas? Exacto, ¡frustración!

Entonces, si somos capaces de entender una emoción, y si somos capaces de reconocer que la hemos sentido alguna vez, ¿Por qué nos vamos a sentir avergonzados de darle cara y decir que tan frustrados estamos ante una situación? ¿Acaso sentir frustración nos hace menos competentes frente a otras cosas? ¿O sentirse frustrados te hace ser diferente, extraño, mala persona, etc.? ¿Cómo afrontarla? ¿Cómo reconocerla? ¿Cómo evadir el miedo a sentirla? Son todas las preguntas que vienen a mi mente una y otra vez.

Ahora bien, ¿Por qué te hablo de la frustración? Sabes que desde hace mucho pero muchos años, las personas se han visto obligadas a “emigrar” de los sitios donde nacieron y crecieron (la mayoría) en la búsqueda de oportunidades mejores. Todos sabemos lo difícil que es sentirse “desterrado” por tener que irte del sitio donde te sentías en confort, porque no tenías las oportunidades que esperabas para vivir, crecer, desarrollarte. Y aunque nos adaptamos, ya sentimos la primera etapa de esta frustración. Porque nos parece súper injusto que no se nos brinde “eso” que necesitamos y que depende de políticos, economistas y otras personas que por su mala gestión e incapacidad de administración, nos tengan atrapados en un sitio donde quisiéramos estar, y no lo podemos cambiar directamente. Quisiéramos tener una barita mágica para cambiar eso ¿Verdad? Para quedarnos en nuestra zona de comodidad, con nuestras familias, nuestros amigos, nuestras pertenencias.

Luego, y es cierto que en el transcurso de los años, hemos ido aprendiendo a crecer profesionalmente, hace muchos años, era difícil ver un médico, un abogado, un científico reconocido, emigrando y viajando de un lado al otro, intentando reinventarse, pero hoy en día son esos grandes profesionales, jóvenes y con talento, los que nos hemos visto obligados a movernos para poder desarrollar ese potencial, y tenemos que hacerlo lejos de casa.

Realmente, ¿Es tan fácil mudarse de ciudad, país o continente y lograr desarrollarse profesionalmente? No sé de estadísticas, tampoco de historia ni de cambios en la humanidad, pero si veo cómo cada día somos más los jóvenes profesionales, que tenemos que vernos obligados a desarrollar otras capacidades diferentes, que no teníamos.

Emigrar implica: meter tu vida en 2 maletas, dejar tus libros en casa (con lo que te costó adquirirlos), vender todas tus cosas para hacer un dinerito que te sirva para sostenerte hasta que consigas empleo. Implica acostumbrarte a decir “adiós” y “hola, mucho gusto, soy de… y me llamo…”. Con suerte lo dices en tu mismo idioma, o tendrás que aprender a decirlo en el idioma del país a donde vayas. Luego, emigrar significa descubrir nuevos sabores (honestamente el ají dulce venezolano no lo hay en ningún lado, aun no me acostumbro a cocinar sin ají), y darse cuenta que hay muchas harinas “pan”, y ninguna sabe igual. Es también darse cuenta de que ¡las personas en todos lados del mundo no hacemos lo mismo! Tenemos diferentes costumbres, aficiones, hobbies, rutinas, etc., y aprendemos todo eso y nos adaptamos, incluso comenzamos a practicar hábitos diferentes.

Seguramente durante todo ese proceso de “adaptación” conseguiste un empleo, muy bueno, que te sirvió de sostén económico mientras conocías, viajabas, probabas, ¡Qué suerte que tengo un trabajo!.

Llega un momento de toda esta travesía, que te detienes a pensar que es aquello que estás sintiendo, ¡pero si lo tienes todo! Y es un vació enorme, que poco a poco se va convirtiendo en FRUSTRACIÓN de no poder ser o hacer “eso” que cuando eras pequeño soñabas: “de grande quiero ser médico, quiero curar animales, quiero ser bombero, policía, quiero ser actriz, piloto…” porque te das cuenta que todas esas oportunidades que tenías en tu país, cuesta mucho más trabajo al salir de tu pequeña burbuja. Qué no sabes cómo gestionar la impaciencia, porque si todas esas cosas profesionales, que tanto anhelas vienen, tendrás que esperar, prepararte, estudiar, tener astucia, empatía y muchas otras facultades que deberás desarrollar. Todo es parte de la adaptación.

Pero bueno, no quiero hablarte de adaptación, quiero hablarte de frustración, de no poder desempeñarte en el área profesional que quisieras. Porque no se puede hacer “de todo”, si te gusta tienes que capacitarte. La cruda realidad es que en todos los países del mundo, las mejores oportunidades las tienen los que son de allí y la competencia es brutal. Y más real aún es, admitir que para la mayoría de trabajos que nos toca hacer fuera de nuestros países, no tenemos pizca de formación, y en el peor de los casos, ni te gusta realmente. Se agradece tener un empleo, pero qué frustrante es sentir que no puedes hacerlo, o que te esfuerzas mogollón para poder hacerlo bien.

Esa es mi situación, y la situación de muchos, estamos atrapados en trabajos que no queremos realmente hacer (aunque agradecemos en el alma) pero que no nos llenan, porque no son los trabajos de nuestros sueños y nos cuesta mucho dar un paso adelante, ser valientes, dejar todo y reinventarse. Dolió tanto hacerlo una vez, que tenemos dos opciones, o le cogemos cariño al cambio, o le cogemos miedo. Y la mayoría de las veces, sentimos no miedo, ¡Terror!.

Hay muchos coaches que te motivan a atreverte a cambiar, y muy en el fondo sabes que tienes que hacerlo si quieres dejar de sentir todo por dentro revuelto. Te digo que lo harás, y que lograrás lo que desees si trabajas mucho, pero no te puedo garantizar que será sencillo y que no botarás lágrimas suficientes, con suerte, valdrá la pena.

Este es un escrito pars tí, seguro te identificas un poquito, sino, igual gracias por leerme. Ahora me conoces otro poco más!

Publicado por Abigail Nikiana

Licenciada en Nutrición y Dietética y Chef, con más de 4 años de experiencia en trato con pacientes con enfermedades metabólicas. Además especializada en repostería saludable.

Un comentario en “¡Frustración!

  1. Excelente como siempre abi, que razon tienes, que frustrante la situacion que nos toco vivir como jovenes promesas de un pais. Pero aqui seguimos reinventandonos y echando pa lante no nos queda de otra.. Un gran abrazo

    Me gusta

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar